JUAN ROBLES Y LA ESPERANZA QUE VENCIÓ AL MIEDO

 


Juan Robles había sido un hombre fuerte durante toda su vida. Trabajador, responsable y de carácter firme. Pero los años habían pasado y ahora, sentado en su viejo sillón, comenzaba a sentir el peso de la edad.

Un día se llevó la mano al pecho después de sentir una molestia y suspiró preocupado.

—Creo que algo malo me está pasando —dijo con voz temerosa.

Su esposa, Elena, lo miró con ternura.

—Juan, no pienses siempre lo peor. Tienes que ir al médico.

Pero en los últimos meses cualquier dolor, cualquier cansancio o cualquier malestar se convertía para él en una señal de alarma. Lo que más le preocupaba era un problema en la próstata. Después de algunos exámenes, el médico fue claro:

—Don Juan, su caso requiere una operación. No debe seguir postergándolo.

Aquella noticia lo dejó preocupado. Al llegar a casa, caminaba de un lado a otro sin saber qué hacer.

—¡No quiero operarme, Elena! —decía angustiado—. ¿Y si entro al quirófano y no salgo? ¡Me van a matar!

Su esposa se acercaba y tomaba su mano.

—Juan, confía en los médicos. Ellos quieren ayudarte. No puedes vivir dominado por el miedo.

Pero él seguía resistiéndose.

—Prefiero soportar estos dolores antes que pasar por un cirujano —respondía.

Pasaron los días y la preocupación seguía creciendo. Hasta que una tarde, un amigo llegó a visitarlo y le dejó un regalo: una Biblia.

—Juan, léela. Allí encontrarás palabras que pueden cambiar tu vida.

Al principio la abrió por curiosidad, pero poco a poco aquellas palabras comenzaron a tocar su corazón. Descubrió historias de hombres que también tuvieron miedo, pero que aprendieron a confiar en Dios.

Una noche, mientras leía, encontró una verdad que transformó su manera de pensar: la muerte no era el final para quienes ponen su fe en Dios.

Cerró la Biblia, miró al cielo y dijo:

—Toda mi vida he tenido miedo de morir, pero ahora entiendo que Dios me ofrece algo mucho más grande. Si esta vida termina, hay una eternidad esperándome.

Desde ese momento algo cambió en Juan. Seguía siendo consciente de sus problemas de salud, pero ya no vivía esclavo del temor.

Cuando Elena le preguntó:

—¿Ya no tienes miedo de la operación?

Juan sonrió.

—Claro que me preocupa, soy humano. Pero ahora sé que mi vida está en las manos de Dios. Haré lo que debo hacer y confiaré en Él.

Se realizó los exámenes necesarios y finalmente enfrentó la operación. Antes de entrar al hospital tomó la mano de su esposa y le dijo:

—No te preocupes. Dios estará conmigo.

La cirugía salió bien y Juan pudo vivir varios años más. Durante ese tiempo disfrutó de su familia, abrazó a sus hijos y nietos, y cada día agradecía a Dios por el regalo de la vida.

Los años siguieron pasando. Su cabello se volvió completamente blanco y sus fuerzas disminuyeron, pero su fe permanecía firme.

Una noche, ya muy anciano, reunió a su familia en la sala.

—Hijos, quiero decirles algo —expresó con una sonrisa—. No sabemos cuándo será nuestro último día, pero no debemos vivir con miedo. Dios nos sostiene.

Aquella noche, como siempre, antes de dormir se despidió de todos.

—Los quiero mucho. Que Dios los bendiga. Y recuerden algo... si mañana no despierto, los espero en el cielo.

Su familia sonrió, pensando que era una de esas frases llenas de fe que Juan acostumbraba decir.

Pero al día siguiente, Juan no despertó.

La tristeza llenó la casa. Sus hijos lloraron su partida y sus nietos sintieron el vacío de no volver a escuchar sus consejos. Pero en medio del dolor había una esperanza diferente: la certeza de que Juan había vivido confiando en Dios y que su despedida no era un adiós definitivo.

Elena miró la Biblia que él había dejado sobre la mesa y recordó sus últimas palabras.

Entonces comprendió que Juan no había perdido la batalla contra la muerte. Había encontrado algo más grande: la paz de saber que su vida estaba en las manos del Creador.

Porque quien aprende a confiar en Dios puede enfrentar el último capítulo de su vida con una esperanza que el mundo no puede dar.

"El temor a la muerte desaparece cuando descubrimos la esperanza de la vida eterna."

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