UN COBRADOR DIFERENTE
La combi me llevaba por la avenida Argentina. Era una mañana bastante calurosa, y el vehículo estaba abarrotado de gente. Para colmo de males había un embotellamiento terrible y yo tenía que llegar a tiempo a mis clases de karate. Lo trágico era que estábamos en el centro de Lima, y yo tenía que irme hasta el Callao. Estaba desesperado, pero interiormente percibía la voz de Dios que me decía “no te afanes”. Bien, deseaba no preocuparme, pero me sentía “tranquilamente angustiado”, si es que de alguna manera pudiera explicar lo que había en mi interior. Al parecer, no era el único, había muchos más como yo, a quienes supongo el Señor no les habrá hablado, pues no podían contener su impaciencia y simplemente la dejaban salir a la luz. n ¡Oiga chofer, acelere pues! n ¡Señor a este paso, vamos a llegar mañana! n ¿No puede ir por otra ruta? Al chofer lo veía con una pasividad envidiable, al parecer nada de lo que le decían le llamaba la atención, cosa que generalmente no s...