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Mostrando entradas de 2025

LA ESPIRAL DESCENDENTE

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A medida que pasaban los meses, Pedro comenzó a pasar más tiempo con sus amigos. Las tardes de estudio se volvieron más esporádicas, reemplazadas por reuniones donde el alcohol y las drogas eran el centro de atención. Cada vez que fumaba o bebía más de la cuenta, sentía un vacío creciente, pero no sabía cómo llenarlo. Un día, Andrés le preguntó directamente: —Pedro, ¿realmente crees en Dios? Porque si lo haces, no se nota. Esa pregunta lo sacudió. No porque dudara de su fe, sino porque sabía que sus acciones no reflejaban las enseñanzas de su padre ni los valores con los que había crecido. —No sé, Andrés. Supongo que es complicado —respondió, evitando mirar a su amigo a los ojos. Pero la realidad era clara: Pedro estaba perdiéndose en un mundo que no lo satisfacía, pero que tampoco sabía cómo abandonar. Por las noches, solo en su pequeña habitación, Pedro solía reflexionar sobre su situación. Miraba la vieja Biblia que su padre le había regalado antes de partir. Aunque no la abría, la ...

BUEN SIERVO Y FIEL

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  El pastor Eliseo Ramírez había entregado su vida entera al servicio de Dios. Desde joven, cuando sintió el llamado al ministerio, supo que su vida no sería fácil, pero jamás imaginó cuánto habría de sacrificar. Recorrió pueblos, caminó por caminos polvorientos, levantó templos con sus propias manos, y predicó con pasión en plazas y casas humildes. No buscaba reconocimiento ni riqueza; su mayor gozo era ver almas rendidas a Cristo. Durante años, sostuvo su ministerio con lo poco que tenía. Cuando no había ofrendas, vendía algo de su hogar para seguir predicando. Su esposa lo acompañó con paciencia, y juntos criaron a sus hijos en medio de la escasez, pero con una fe inquebrantable. —“Dios proveerá”, decía siempre Eliseo, mientras remendaba sus zapatos gastados o preparaba el mensaje del domingo. Pasaron los años, y el cabello negro del pastor se tornó blanco como la nieve. Su voz ya no tenía la fuerza de antes, y su vista comenzaba a fallar. Sin embargo, su corazón seguía ardiendo...

OLVIDADO POR LOS HOMBRES, RECORDADO POR DIOS

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  Elías Ríos siempre supo que su vida no sería ordinaria. Desde su juventud, en la ciudad de Lima, sintió el fuego ardiente del llamado misionero. Mientras sus amigos soñaban con emigrar fuera del país, él soñaba con ir a alguna ciudad de la Amazonía para hablar del amor de Cristo a quienes nunca habían oído su nombre. Después de completar sus estudios teológicos, fue comisionado por una institución evangélica con sede en Lima. Con alegría y determinación, partió con su esposa María y sus dos pequeños hijos, Karen y Josué, hacia una comunidad ribereña cerca del río Ucayali. Los primeros días fueron duros, pero llenos de gozo. Aprendieron a adaptarse, compartían con los pobladores, organizaban cultos al aire libre bajo la sombra de los árboles. La iglesia empezaba a formarse. Pasaron los meses. El entusiasmo inicial fue reemplazado por incertidumbre. Las cartas que Elías enviaba solicitando apoyo económico y materiales no recibían respuesta. La cuenta bancaria quedó vacía. No ...