OLVIDADO POR LOS HOMBRES, RECORDADO POR DIOS
Elías Ríos siempre supo que su vida no sería ordinaria. Desde su juventud, en la ciudad de Lima, sintió el fuego ardiente del llamado misionero. Mientras sus amigos soñaban con emigrar fuera del país, él soñaba con ir a alguna ciudad de la Amazonía para hablar del amor de Cristo a quienes nunca habían oído su nombre. Después de completar sus estudios teológicos, fue comisionado por una institución evangélica con sede en Lima. Con alegría y determinación, partió con su esposa María y sus dos pequeños hijos, Karen y Josué, hacia una comunidad ribereña cerca del río Ucayali. Los primeros días fueron duros, pero llenos de gozo. Aprendieron a adaptarse, compartían con los pobladores, organizaban cultos al aire libre bajo la sombra de los árboles. La iglesia empezaba a formarse. Pasaron los meses. El entusiasmo inicial fue reemplazado por incertidumbre. Las cartas que Elías enviaba solicitando apoyo económico y materiales no recibían respuesta. La cuenta bancaria quedó vacía. No ...