TENÍA SED
Hacía calor,
caminaba por el centro de Lima. Estaba hastiado de tanta bulla que escuchaba
proveniente de las combis y del humo que despedían los viejos buses. Deseaba
tomarme una gaseosa, pero bien helada. Cuando eché una mirada a mi bolsillo
para saber con cuánto dinero contaba, me encontré con la sorpresa de que sólo
tenía para mi pasaje de regreso y una moneda de un sol para mi gaseosa. “Bien,
me dije, “me daré un paseo por el centro de Lima, miraré algunas cosas por
allí, luego a saborear mi gaseosa”.
A medida que
iba a
n Disculpe,
señora -le dije- su pequeño está llorando mucho.
n Sí
joven -me dijo-cubriéndose la cara con el sombrero-, es que tiene hambre.
Parecía tímida
porque no me daba la cara, pero pude ver su rostro. Era una joven agradable,
parece que provenía de la selva por su manera de hablar.
n ¿Usted
es de la selva?
n Sí,
soy de Tarapoto.
n ¿Y
qué hace aquí en Lima?
Percibí que la
pobre chica se secaba a cada rato los ojos, pude percatarme que lloraba
silenciosamente y temía que la viera así.
n Es
que estoy sola aquí y mi familia ya no me quiere -me dijo con voz entrecortada.
n ¿Y
tu esposo? -le pregunté, mirando a la criatura que tenía.
n Se
fue. Me embarazó y se desapareció, no sé dónde se encuentra.
Entendí que
era una de esas chicas que vienen a Lima, conocen a alguien en la capital que
las ilusiona y luego se burlan de ellas.
n Pero
dime, disculpa ¿cuál es tu nombre? -le pregunté un poco avergonzado por no haberlo
hecho antes.
n Me
llamo Karina.
n Yo
soy Christian. ¿Dónde estás viviendo?
n Vivo
en el Rímac en la casa de un tío, pero me ha dado un cuarto provisionalmente
hasta que trabaje y pueda pagar uno.
No podía
soportar al pequeño que lloraba. Le dije que le diera el pecho, pero me dijo
que ya lo había hecho, lo que pasa es que no tenía leche. Aparte que no comía
desde el día anterior, ella se sentía débil, y esto también la afligía. Pensé
en un momento si podía hacer algo por ella. En mi corazón oraba al Señor y le
preguntaba: “Señor, así como ella debe haber muchas que sufren”. De pronto me
puse a pensar que tenía en mi bolsillo dos soles que eran para mi pasaje de
regreso y mi gaseosa. “Señor esto es todo lo que tengo, ¿quieres que se los
dé?”. Bueno, había en mi corazón sentimientos encontrados, por un lado, deseaba
dárselos, por otro me decía “me tendré que regresar a pie, y sin tomar mi
gaseosa”. Sentí que estaba en una terrible disyuntiva, pero finalmente resolví
el problema. Pienso que Cristo pasó peores cosas que yo y este pequeño
sacrificio que haría no significaría nada con lo que hizo Él por mí” “Así que
Christian, prívate de tu gusto por hoy día…. ¿está bien?”
n Amiga,
-le dije, claro nada entusiasmado, sobre todo por mi gaseosa, a la cual en mi
corazón le dije “adiós”- me preocupa tu pequeño que está llorando. ¿Tienes el
biberón de tu nene?
n Sí
aquí está -lo sacó de una vieja mochila que tenía, estaba sucio.
n Dámelo.
Fui a una
tienda que estaba en la acera de enfrente, entré y compré un tarro de leche, después
entré al restaurante del costado hablé con el chino que era un amigo y le dije
el problema que había con la chica. Me atendió gustoso, me regaló un poco de
agua tibia, me prestó un cuchillo para abrir la lata y preparé el biberón del
pequeño, se lo llevé a la chica y me lo agradeció con lágrimas en los ojos,
asimismo el chino parece que se compadeció y me regaló un poco de comida para
ella.
La verdad que
me sentí gozoso por lo que había sucedido, “Gracias Señor, creo que me has
permitido serte útil en este día”.
n ¿Estás
contenta? -le pregunté.
n Gracias,
joven Christian. Que Dios se lo pague.
n No
te olvides de Él, estoy seguro que te quiere ayudar. Cree en Él con todo tu
corazón.
n Gracias
lo haré.
Estaba
satisfecho de haber ayudado a esa joven, pero por otro lado, estaba triste
porque no tenía mi pasaje y me moría de sed. “Bueno, no será la primera vez que
camino
Mientras iba
caminando con dirección a mi casa, el chino del restaurante me llamó con un
silbido. Vi que me levantaba la mano en señal de que me acerque a él. Fui
corriendo.
n Oye
Christian, me gustó mucho lo que has hecho por esa chica. Siempre se sienta a
pedir limosna allí, pero lo que has hecho por ella es algo que no he visto
hacer con ella a nadie.
n Bueno
chino, tú sabes que es el amor de Dios el que nos empuja a hacerlo. Te dije en
un momento también que Él te ama.
n Sí,
pero yo soy budista, aunque me interesa también tu religión. Pero Christian,
quería invitarte a comer, ¿quieres?
¡Y cómo iba a
decir que no! Pero me hice el difícil, pensando a la vez que era riesgoso lo
que hacía, aunque ni yo mismo sabía porqué pensaba así.
n Oye
hombre, no te molestes, mamá me espera en casa con un cerro de comida.
n Para
nada, Christian, ¡no me desprecies, por favor! pasa -y me lo dijo alegremente.
Así que almorcé
rico, me dio una gaseosa, pero de un litro, conversamos mucho, cosa que raras
veces hacíamos y luego me despedí deseando que Dios le guarde y le bendiga.
Salí del restaurante y estaba con la barriga hinchada, “creo que ahora sí
justifica que camine tres kilómetros”, me dije. Habré avanzado unos diez metros
cuando nuevamente el chino me llamó, yo volteé y me hizo señas para que
regrese. Bueno esta vez no corrí.
n Toma
Christian -me estaba dando un billete de veinte soles.
¡No podía
creerlo! “Señor estás bendiciéndome más de la cuenta”.
n Quiero
que regreses a tu casa en taxi, tus padres estarán preocupados. Ve rápido.
Como siempre
me hice el difícil.
n Oye
hombre, no te preocupes. Yo tengo -“perdóname Señor esta pequeña mentirita”-
dinero conmigo.
Dios sabe que
estaba más pobre que esa chica.
n No,
por favor Christian, acéptalo -me lo dijo con mucho entusiasmo y alegría, que
lógico no podía despreciar.
n Está
bien. Gracias nuevamente chino. Dios te bendiga abundantemente.
Regresé a casa
en una combi, y me ahorré el resto. Pensaba en lo acontecido mientras estaba en
mi cama esa noche. Estaba cansado, y no sé porqué, si me regresé en combi, pero
en el fondo estaba satisfecho. Me di cuenta que el haber caminado y paseado por
el centro para que me dé más sed y comprar mi gaseosa hizo que me aconteciera
el encuentro con esa joven. Así que te agradezco Señor por todo lo vivido y
pienso que es bueno tener sed de cuando en cuando.



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